Prioridades en la escuela del presente



Por: Adriana Grimaldo.


Seguramente alguna vez has escuchado la frase: “Mi educación fue muy buena hasta que la interrumpió el colegio”, del gran escritor irlandés George Bernard Shaw.


Su dicho se ha convertido en casi un mantra para los críticos del sistema escolarizado convencional. Bien sabemos que los extremismos no son buenos y que en todo hay matices. Lo cierto es que las clases iniciaron el pasado 24 de agosto y producto de la pandemia, hoy, el 95% de los estudiantes en América Latina aprenden desde casa.


Como en otros sectores, el Covid-19 aceleró procesos que se preveían para el futuro mediano y a largo plazo. La educación en casa o homeschooling si bien es algo que ya existía e incrementaba su presencia -antes del coronavirus tan solo en países como Estados Unidos o Canadá se calcula que lo practicaban entre 2 y 3 millones de niños-, en Latinoamérica hasta ahora era algo incipiente. Por tanto nos tomó por sorpresa y sin saber bien a bien cómo reaccionar.


Es verdad que en un país como México, en la mayoría de las familias trabajan madre y padre. Y no siempre se tiene a alguien con quien encargar a los niños. Sin embargo, no podemos dar la espalda a la realidad y esta es que hoy los niños toman clases desde casa vía televisión, radio o internet. Ante ello conviene que reparemos y diferenciemos entre lo importante y lo urgente.


¿Es urgente que abran las escuelas? Tal vez, pero dadas las condiciones me parece que lo verdaderamente importante es centrar la mirada en el proceso de aprendizaje y en la oportunidad que tenemos hoy día para reinventarlo y para repensar algunas cosas que dábamos por asumidas a pesar de que no dieron los mejores resultados.


En su libro Vigilar y castigar, Michel Foucault advirtió que la escuela tradicional por medio de mecanismos como la disciplina, el castigo, la docilidad, el control del tiempo, el examen, el diseño del espacio como ejercicio invisible del poder, propiciaron individuos homogéneos, sin autonomía y con un ejercicio imaginativo restringido.


¿Nueva escuela?


Dicen que la vida no siempre nos da segunda oportunidad, sin embargo creo que estamos ante la posibilidad de un reajuste en los procesos de aprendizaje encaminados a incorporar a la diversidad y creatividad como dos de sus columnas.


Hoy por hoy tenemos de dos: o nos peleamos con la realidad y nos quejamos, o como dice el refrán: si del cielo te caen limones aprendemos a hacer limonada.


Consecuencia de la modernidad, pensadores como Pierre Bourdieu anticiparon que la escuela tal como la conocemos juega un rol fundamental de custodia, a modo de centro de concentración e internamiento durante una parte nada desdeñable de su infancia y la juventud. A partir de la vigilancia jerárquica y la normalización por medio del mecanismo de sanción, crea un sistema de justicia que se pretende objetivo.


Hoy, de manera súbita y obligados por las circunstancias nos vemos forzados a despegarnos “de esa normalidad” y emprender una suerte desescolarización. Es innegable que el contacto físico es indispensable. Que el aula es un espacio democrático donde todos los alumnos, son iguales ante a la autoridad que representa el maestro. Para muchos lo más importante incluso es el hecho de que el salón brinda seguridad y permite a los padres de familia desatenderse de sus hijos mientras trabajan.


Si seguimos aferrados a estas nociones, es que no hemos sabido todavía ubicar lo verdaderamente importante que es el aprendizaje, la educación y la formación de individuos mejor preparados para adaptarse a unas condiciones cada vez más cambiantes, porque te aseguro, en el futuro veremos nuevas pandemias y nuevas revoluciones tecnológicas.


Fue Platón quien dijo: “Cumple con tu deber y conócete”. A partir de su frase, Montaigne el maravilloso diletante francés que liberó al pensamiento del corsé de la academia y el encierro nos dijo: “El que hubiera de realizar su deber, vería que su primer cuidado es conocer lo que realmente se es y lo que mejor se acomoda a cada uno; él que se conoce no se interesa por aquello en que nada le va ni le viene; profesa la estimación de sí mismo antes que la de ninguna otra cosa, y rechaza los quehaceres superfluos y los pensamientos y propósitos baldíos”.


¿Qué tal si aprovechamos este momento de aprendizaje desde casa para volver a aquello tan básico como es reconocer nuestro lugar en el mundo y nuestras capacidades?


No se trata de satanizar a la escuela, pero no estaría mal que aprovechemos la coyuntura para reconectarnos con el espacio donde vivimos, con la naturaleza, con aquello que realmente nos interese. Desde luego pensaremos que podremos estar en mejores condiciones, pero usemos la imaginación, la creatividad y todo lo que tenemos a la mano. No se trata tampoco, de caer en el lugar común y reduccionista de ver una oportunidad en cada crisis, sencillamente hablo de volver a Plutarco y su luminosa frase: “El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender”.


Encendamos esa lámpara a partir de las herramientas que nos da la imaginación y usemos esa luz para iluminar este camino que hoy todavía parece oscuro.


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