Parásitos y los límites de la experiencia

Actualizado: feb 19



Por Adriana Grimaldo.


Hace algunos meses llegó a la pantalla grande una película de la remota Corea de Sur y, sin importar cuánto sabemos sobre este país, la película se logró filtrar en nuestras conversaciones coloquiales, dando mucho de qué hablar. Desde la Teoría de la imaginación propuesta por Kieran Egan, tenemos una respuesta a porqué esta película surcoreana se ha convertido en el fenómeno taquillero reciente. Por cierto, ¿sabías que a partir de que Parásitos venciera a las favoritas, 1917 y The Joker, al llevarse los premios Oscar a Mejor Película y a Mejor Director -para Bong Joon-Ho-, su recaudación en taquilla se incrementó 234.5% a nivel mundial, alcanzando la nada despreciable cantidad de 175 millones de dólares?. Tan sólo en México la cinta se ha llevado hasta ahora, 101.5 millones de pesos.


Para muchos de nosotros, la película nos mostró una realidad geográfica con la que no estamos familiarizados. Kieran Egan propone:


  • Si te trasladas a un nuevo vecindario, quizá la mejor estrategia para explorarlo podría ser encontrar sus fronteras, localizar el centro comunitario, las escuelas e iglesias, dar con los árboles o edificios más grandes, y familiarizarse con sus rasgos distintivos y lo que lo hace único. Tendemos a hacer algo similar cuando empezamos a acumular conocimiento sobre cualquier área. La realidad con la que primero nos involucramos imaginativamente se centra en los extremos, en los rasgos más exóticos y extraños de la realidad, en los acontecimientos más curiosos, terribles y osados. La atracción que nos regalan estos rasgos nos permite crearnos un marco de referencia, una construcción gradual del sentido de esa realidad que se nos presenta. Teniendo un sentido de los límites del comportamiento y de la experiencia humana empezamos a captar un sentido proporcionado de la gama de lo posible.


De ahí que, cuando una realidad tan lejana, como hacen constar los 12,121 kilómetros que separan a México de Corea del sur, nos presenta en los banjiha (nombre dado al sótano en el que vive la familia del señor Kim que, por extraño que nos parezca, es una especie de sótano muy común en Seúl) uno de los extremos en el que se puede vivir en la Capital de Corea del Sur, nos regala también un marco de referencia para que echemos a volar nuestra imaginación y, siguiendo la metáfora del vecindario que propone Egan, podamos hacernos una construcción mental a modo de marco de referencia.


Así, una vez que lo exótico y extremo de las primeras escenas enganchó nuestra imaginación, el reconocer los patrones de la desigualdad en las clases sociales, que se presentan en el avance de la película, nos hace empatizar y ahora sí, “sentirnos como en casa” y entonces seguimos sin parpadear la inesperada y emocionante trama que seguramente en más de una ocasión te robó el aliento.


Y ¿qué decir del significado de que una película coreana conquistara a los académicos estadounidenses? Desde hace varios años, los votantes han puesto atención en realizadores extranjeros. Ahí tenemos los “tres amigos”: Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón. Sin embargo, nunca, una película de habla no inglesa se había llevado el Oscar a Mejor Película. El triunfo de Bong Joon-Ho es la punta de un iceberg que se construyó poco a poco y que bien podemos explicarnos como un interés por parte de la industria norteamericana por abrir su imaginario. La sensibilidad de los mexicanos y ahora la del director coreano es distinta. Parásitos, plantea una visión descarnada y sin victimismo de las clases sociales. Quizá esto sea lo mejor en términos de historia, además del buen manejo del humor negro.


Pero no nos desviemos. Reconocer a una película coreana en Estados Unidos nos invita a leer una señal. El verdadero aprendizaje lo conseguimos cuando exploramos nuestros límites y nos abrimos a lo desconocido. Recuerda que fue Albert Einstein quien escribió:

“La mente es como un paracaídas: sólo funciona si se abre”.


La mejor forma de conocernos a nosotros mismos es cuando aprendemos a reconocer nuestros miedos y fortalezas, por ejemplo. Pues bien, Parásitos representa eso. Nos habla de un intento por asomarse, y no es poco porque habremos de reconocer que la Unión Americana es bastante cerrada para consumir cultura de otras latitudes. Seguramente a estas alturas Bong Joon-Ho ya deberá tener en su escritorio más de una oferta de algún gran estudio hollywoondense, será cosa de él aceptar o no, pero lo cierto es que la disposición de los productores a reconocer y recibir talento de otros lados nos habla de su vocación por explorar lo desconocido o exótico a fin de reforzarse a sí misma como industria.


“La imaginación en libertad transforma al mundo y echa a volar las cosas”, escribió Octavio Paz. Quizá a su acertada frase podríamos añadir que además de echar a volar las cosas, echa a volar el aprendizaje. Solo que para ello es necesita explorar nuestros límites, reconocer fronteras. Al ver y reconocer una película “extranjera”, en realidad se premió la empatía hacia lo distinto y desconocido. Por cierto, ¿cuándo fue la última vez que leíste un libro de un autor de quien no habías oído hablar?, ¿cuándo fue la última vez que probaste un sabor totalmente exótico?, ¿cuándo fue la última vez que oíste música de una cultura lejana y ajena?

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