Kobe Bryant: más allá de las canchas

Por: Héctor Gonzáles Jordán.






Kobe Bryant fue un astro del baloncesto. Sus cinco anillos de campeonato en la NBA, siempre con los Lakers de Los Ángeles y ser cuarto jugador con más puntos anotados en la liga, son algunos de los argumentos que lo convirtieron en una leyenda deportiva. Sin embargo, el atleta recién fallecido -como seguramente ya sabes, el helicóptero en el que viajaba se desplomó el pasado 26 de enero cerca de Calabasas, California-, fue también un fuera de serie de los negocios y la reinvención en cuanto a temas de imaginación.


Tras su retiro, a principios de 2016, muchos pensaron que se dedicaría a ser comentarista, entrenador o directivo de algún equipo. ¿Quién no hubiera querido tener a una figura de ese tamaño en sus filas? Seguramente, al deportista no le faltaron ofertas. No obstante, si algo quería hacer al dejar la duela, era dedicarse a contar historias.


“Educar es procurar que algo bueno le pase a la mente”, nos dice Kieran Egan. No sabemos si Kobe Bryant haya o no, oído esta frase; lo que sí sabemos en todo caso, es que la puso en marcha. Era un convencido de que a todos nos gusta contar historias y que éstas son de las mejores herramientas para transmitir enseñanzas y valores (cualquier semejanza con la comprensión mítica de la que ya hemos hablado, no es mera coincidencia).


Y es que las historias cubren dos funciones sustanciales: por un lado nos regalan la gran oportunidad para entender universos que en primera instancia podrían parecer lejanos a nosotros, como lo pueden ser los retos de un deporte tan exigente; y de manera simultánea le dan significado a nuestra existencia, por ello no ponemos en duda que aquel que dedicara toda una vida al deporte haya encontrado la necesidad de expresar en secuencias narrativas todo aquello que lo retó y emocionó en vida.


Así que retirado, quien fuera guardia de los Lakers, echó mano de su imaginación para reinventarse de una manera tan productiva como creativa. De inmediato concretó la productora Granity Studios, con la cual ganó un Oscar en 2018 por el cortometraje animado Dear Basketball. Poco después convocó al escritor Wesley King para dar vida a la Serie Wizenard, saga de cinco historias en las que nos muestra a un equipo de jóvenes jugadores de basquetbol que, cansados de no dar pie con bola, cambian de entrenador. Una vez que Rolabi Wizenard, toma las riendas de la quinteta las cosas mágicamente cambian de rumbo. Dos manifestaciones que hablan del contexto imaginativo que se desarrolla entre las canchas.


Supongo que nadie pondrá en duda que si de algo sabía Kobe Bryant era de baloncesto. Donde quizá no era un experto, era en su objetivo tras el retiro: contar historias. Sin embargo, esto no lo detuvo. Se alió con quienes consideró podrían ser sus mejores compañeros de ruta y decidió no sólo reinventarse, también busco compartir su conocimiento, es decir procuró que algo bueno le pasara a la mente de algunos de sus millones de seguidores alrededor del mundo.


Al ser un referente o un icono de su época, se convirtió en un personaje casi mítico. Para muchas(os) de los que hoy somos adultos, él tenía una dimensión heroica. ¿Quién no aspiraba a algún día emular su destreza con alguna canasta? Precisamente, parte de la conmoción que su muerte generó alrededor del mundo se debe a que para muchos de nosotros era o mejor dicho sigue siendo un ejemplo a seguir, un ideal enmarcado en nuestras aspiraciones románticas de las que deliberadamente hacemos uso a lo largo de nuestra vida para encontrar motivación, seamos o no deportistas. Kobe Bryant se nos presenta como el ser humano de carne y hueso que ha experimentado de primera mano ciertos límites de la realidad, y que además salió avante, de ahí que se haya convertido en un auténtico referente de virtud para miles de personas.


Y es que aún fuera de los campos deportivos, nos heredó unas lecciones que bien conviene destacar: el conocimiento es para compartirse, de lo contrario de poco sirve; y la reinvención apuntalada por la imaginación es otra forma de aprender y educar.


¿Verdad que su grandeza va más allá de su 1.98 metros de altura?

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