La rebeldía de la imaginación



Por Adriana Grimaldo.


Quizá has escuchado o leído la frase “La imaginación al poder”, del filósofo alemán Herbert Marcuse. La resonancia de sus cuatro palabras caló hondo en los jóvenes franceses que tomaron las calles durante las revueltas estudiantiles de 1968. Aquella breve línea no sólo dio título a un clásico del pensamiento occidental del siglo XX, se convirtió también en bandera de cambio social. En el mismo contexto de efervescencia, el francés Jean-Paul Sartre acuñó otra frase inolvidable: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”.


¿Podríamos pensar que ambos enunciados son primos-hermanos? A simple vista sí. Lo dicho por Sartre y Marcuse quedó tatuado en miles de jóvenes alrededor del mundo. Ambos hacen un llamado a cambiar el orden establecido a partir de un nuevo paradigma, aunque por rutas distintas. Veamos, lo dicho por Sartre funciona como slogan. Atrás de un ingenioso juego de palabras encontramos una contradicción de origen. El realismo parte de lo posible y lo concreto, por tanto “pedir lo imposible” es en términos llanos una invitación a despegarnos de lo real, aunque sea para pensar en lo que todavía no “es”, en lo que no se nombra y por tanto no existe. Es una frase que suena bien y con buena dosis de romanticismo, pero hasta ahí.


¿Cuál es la diferencia con lo que dice Marcuse? Kieran Egan nos recuerda que, dentro de varias tradiciones antiguas como la griega, la romana o la hebrea, una de las funciones de los mitos es ofrecer un mundo mejor a partir de un acto de desobediencia o, mejor dicho, de desacato a lo establecido. Cada relato o leyenda es una ventana que nos invita a visualizar escenarios distintos. Sin embargo, y a diferencia de Sartre, el alemán sugiere usar la imaginación como una suerte de Caballo de Troya cargado de herramientas para alcanzar algo concreto y tangible en lo sustantivo. Como decía Hanson: “La imaginación es lo que nos permite entrever posibilidades en las realidades donde estamos inmersos o más allá de estas”.


Ahora bien, donde sí coinciden Marcuse y Sartre es en ver a la libertad como un valor esencial de la condición humana, recordemos que fue el propio Sartre quien dijo: “El hombre está condenado a ser libre”. Quizá tendríamos que añadir que la imaginación es el salvoconducto para cumplir nuestra condena.


¿Es posible aterrizar tanta teoría? Desde luego y no vayamos lejos: hace unos días alrededor del mundo se celebraron manifestaciones a favor de la equidad de género y de los derechos de la mujer. Incluso en México se realizó un histórico paro femenino. Hasta ahora una medida de ese tamaño parecía imposible. Fue cuestión de que un grupo de jóvenes se cuestionara sobre lo que sucedería si un día no hubiera mujeres y enmarcarlo dentro de lo concreto. La idea prendió como pólvora y al estar en el marco de lo posible tomó forma y se puso en marcha. Quizá una de las mayores lecciones de lo que vimos el 9 de marzo está en el recordatorio de las posibilidades que nos ofrece la imaginación para acceder a un mundo mejor y más justo.

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